Secar las lágrimas de un niño,
curarle un rasguño casi invisible,
ayudarlo a no llevar "muletas",
poner en nuestro trabajo,
además de las dos manos,
la ternura de nuestro corazón,
ofrecerle una salida a su problema,
optar por callar
cuando lo que quieres es gritar,
entregarte toda a todos,
enseñarle a aprender
y después...
¿Después?
¡Dejarlo volar!

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